Equidad en la música: datos para pasar de la conversación a la acción
- Rosalía Ortiz Luquis

- 11 ago 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 10 ene

En la música —como en todos los sectores de la cultura— la equidad no es un eslogan: es una tarea pendiente. Y para avanzar, necesitamos más que buenas intenciones; necesitamos datos. Por eso le dediqué tiempo al Make Music Equal Report 2025 de Chartmetric, que pone números concretos a una pregunta incómoda: ¿quiénes tienen visibilidad y quiénes quedan fuera en la industria musical global?
Este informe no mide “género” como identidad personal, sino pronombres que lxs artistas incluyen en sus biografías en plataformas y redes. Es un dato parcial, pero suficiente para identificar patrones y sesgos. Con más de un millón de registros públicos, Chartmetric arma un mapa vivo que se actualiza y se puede verificar directamente.
Algunas verdades que no podemos ignorar
La base arranca desigual. De 728,000+ solistas mapeadxs, 79% usa "he/him", 18% "she/her" y 3% "they/them" u otros pronombres. Si el punto de partida ya es desigual, todo lo que viene después replica esa asimetría.
En la cima hay avances… pero no suficientes. En el top 100 de mayor visibilidad, los hombres son 54% y las mujeres 33%, frente al 26% de 2020. Hay progreso, pero el techo todavía está lejos de ser parejo.
A mayor desarrollo de carrera, crece la presencia de mujeres. Del nivel “undiscovered” (17% she/her) al “superstar” (~28%), la proporción mejora. Sin embargo, las identidades no binarias pierden espacio en el camino.
En sincronizaciones, tres mundos distintos. TV está cerca de la paridad; cine sigue dominado por bandas; videojuegos muestran la brecha más profunda (49% hombres, 6% mujeres).
Festivales y giras: la economía también abre y cierra puertas. El que hayan menos bandas y más solistas en los lineups —en parte debido al alza de costos de las giras— ha permitido que más mujeres aparezcan en cartelera.
La radio conserva inercias, pero hay grietas. En country y hip-hop dominan los hombres; en R&B y soul, las mujeres llevan la delantera.
Top charts globales: las mujeres ganan espacio. No es solo en Estados Unidos: Emiratos Árabes, Ucrania, Arabia Saudita y varios países de América Latina muestran mujeres en los #1 de Spotify.
El fandom femenino sostiene carreras. Entre los top 10 hombres, las seguidoras mujeres superan a los hombres en casi todos los casos; y en el top 10 de mujeres, la audiencia también es mayoritariamente de mujeres.
Y ahora, ¿qué hacemos con esto?
Para Puerto Rico, donde la música mueve tanto el corazón como la economía, este análisis ofrece algunas pistas para actuar:
Programar con intención: en festivales, ferias y ciclos de conciertos en Puerto Rico, establecer metas claras de representación en la plena, la bomba, el jazz, la salsa, la música urbana y la música experimental. No basta con invitar a más mujeres: hay que asegurar su presencia en horarios estelares, escenarios principales y formatos protagónicos —¡y publicar resultados para rendir cuentas!
Acompañar los saltos de carrera: muchas músicas y productoras locales se estancan entre la visibilidad inicial y la posibilidad de vivir de su trabajo. Aquí es donde se necesitan mentorías especializadas, alianzas con salas y festivales y gestión de booking que les abra escenarios en y fuera del país. Casos como las nuevas generaciones de intérpretes de bomba o cantautoras de fusión demuestran que, con el apoyo adecuado, el salto es posible.
Abrir las puertas de sync y gaming: llevar la música puertorriqueña a cine, televisión, publicidad y videojuegos es una vía poco explotada para nuestras artistas. Productoras y compositoras locales podrían colocar piezas en producciones internacionales si se crean catálogos curados con plena, bomba, reguetón, trap o fusión caribeña y se conectan directamente con music supervisors de estos sectores donde la brecha de equidad sigue siendo grande.
Invertir en géneros “palanca”: el informe confirma que el R&B/soul es uno de los pocos espacios donde las mujeres llevan ventaja. A esto se suman géneros con fuerte identidad local y proyección global —como la plena, la bomba y ciertas corrientes del jazz latino y la música urbana— que hoy cuentan con creadoras y productoras emergentes listas para dar el salto. Si se dirigen recursos, promoción y oportunidades de visibilidad hacia estos estilos, no solo se fortalece la representación femenina y no binaria, sino que se impulsa el alcance internacional de nuestras músicas.
Medir localmente: desarrollar un tablero público —alimentado por programadores, medios y organizaciones culturales— que muestre cuántas mujeres y personas no binarias participan en lanzamientos discográficos, carteles de festivales, rotación radial y convocatorias comerciales en Puerto Rico. Este registro permitiría identificar brechas en géneros clave como plena, bomba, salsa, reguetón y jazz y serviría como base para que productores, curadores y entidades públicas tomen decisiones de programación y financiamiento con criterios de equidad.

La equidad se planifica
Este informe deja algo claro: hay señales de avance, pero aún no estamos para celebrar. La brecha persiste y cerrarla requiere de acciones concretas, medibles y sostenidas. La equidad en la música —como en toda la cultura— no se improvisa: se diseña, se mide y se defiende todos los días.
En Puerto Rico y el Caribe, tenemos la oportunidad de aplicar estos datos a nuestra propia realidad: programar con metas claras en géneros como plena, bomba, salsa, reguetón o jazz; acompañar a las creadoras en sus saltos de carrera; abrirles las puertas a sincronizaciones y videojuegos; y medir públicamente nuestra representación en festivales, lanzamientos, radio y mercados internacionales.
Si eres artista o trabajas con unx, revisa y actualiza tus pronombres en las plataformas: ese pequeño gesto ayuda a que existan mapas más precisos para actuar. Y si eres programador/a, productor/a o parte de la industria, pregúntate: ¿a quién estoy poniendo en el escenario, en la lista de reproducción, en la campaña… y a quién sigo dejando fuera?
La música narra quiénes somos. Silenciar voces, ya sea de manera consciente o inconsciente, es contar una historia incompleta.
